Aún no termino de leer "Problema Infernal" de Samantha Power, libro de investigación de 2003 que aborda el genocidio durante el siglo XX. Pese a lo grandilocuente del tema: no me gustó. Hay muchas canciones medias orgullosas. Y que hablan de tirar escupo y que invitan a sobreponerse con valentía y casi con soberbia a las adversidades de la vida. Hay varias, la que marcó mi adolescencia y mi juventud que aún creo habitar es Escupiré jodidos. Esa que llama a que todo el mundo se cuide porque uno todavía sigue "dando la pelea" o como se quiera graficar esa sensación de "resistencia". Ahora no sé bien por qué, pero ya no me gusta. La encuentro hasta estúpida.
Así va cambiando todo, como esa canción que sonó por años en mi casa interpretada por Mercedes Sosa, que me terminó gustando a la fuerza. Igual hay una que todavía me gusta y que habla de orgullo pero es algo más suavecita.
Pasa el tiempo, y lo único que se me ocurre poner en estas palabras es que Bob Dylan es un imbécil, que Chinoy no está sobrevalorado, que Isla 10 no es una mierda -para los intelectuales que esperaban un diálogo apasionado entre Cloromido Almeyda y Corvalán que mejor se lean un libro-, y que Billy Bragg es de los pocos que todavía tocan con el corazón.